Derechos de propiedad intelectual: El arduo combate a la piratería

Edição XXII | 04 - Jul . 2018

Silmar Teichert Peske - silmar@seednews.inf.br | Fabricio Becker Peske - fabricio@seednews.inf.br

    La sociedad creó un mecanismo para recompensar a aquel que crea algo nuevo y mejor, protegiendo su producto o proceso por un determinado período de tiempo, prácticamente en todo el mundo. En el caso de las semillas no es diferente, en donde existen dos tipos de protección: la llamada Ley de Protección de Cultivares (LPC), y la Ley de Patentes.

    La protección vía LPC es sobre el cultivo de una determinada especie, mientras que la protección vía patente es sobre el proceso que se utiliza para mejorar una especie, una invención (por ejemplo, insertar evento de tolerancia a herbicida o resistencia al insecto). En soya, desde la creación de la LPC en 1998, más de 500 cultivares ya han sido protegidos. Por otro lado, también en soya, muchas patentes fueron emitidas a partir de actividades creadas para diversas características.

    El obtentor de una cultivar protegida, en general, licencia a productores de semillas debidamente registrados en el Renasem del MAPA para comercializar las semillas, mediante un pago convenido como Royalty, que tiene valor determinado entre obtentor y productor de semilla, de acuerdo con cada cultivar. Mientras el dueño de la patente estipula un valor por hectárea o un porcentaje de la producción de grano, por el uso de su tecnología insertada en un material, que es determinado en conveniencia como tasa tecnológica (TT). Los recursos del fondo o de la TT son el combustible utilizado para la creación de nuevos y mejores cultivares, así como de patentes, para mejorar o habilitar determinada especie a producir algo con un valor superior, sea agronómico, industrial o alimenticio.

    En términos de robustez de protección, la LPC contempla la protección hasta la semilla, o sea, el Royalty es recogido en la comercialización de las semillas, sin embargo aquel agricultor que utiliza su grano como semilla no pagará nada al obtentor de la cultivar, siempre que registre su campo de producción de semillas para uso propio en el MAPA (esto en Brasil), mientras que la protección vía patente vaya hasta el grano, o sea, si el agricultor desea utilizar su grano como semilla, deberá por lo tanto pagar la TT al dueño de la misma patente.


    La Piratería

    Brasil posee una buena plataforma legal sobre semillas, incentivando a las empresas a entrar en el negocio de semillas a través de la comercialización, creación y desarrollo de cultivares superiores y de la investigación para obtención de patentes. En este sentido, sólo para el cultivo de la soya, existen más de 400 productores de semillas, más de 20 programas de mejoramiento vegetal y varias empresas invirtiendo en la obtención de patentes. Esto requiere de altas inversiones, agilidad, logística, entre otras cosas, haciendo que el 100% de los productores de semillas sean privados, así como la gran mayoría de las empresas que se dedican al mejoramiento vegetal y las que invierten en la obtención de patentes. Para ello, es fundamental una estabilidad institucional, para que estas inversiones a largo plazo puedan dar un retorno a sus programas de investigación y que puedan continuamente reinvertir para el desarrollo de la innovación de la agricultura brasileña.

    Se observa que incluso con una buena plataforma legal, existen situaciones por donde escapan los derechos del obtentor o del dueño de la patente, poniendo en riesgo la cadena de suministro de materiales superiores tan necesarios para aumentar la productividad, la sostenibilidad del medio ambiente y de la salud humana.

    El agronegocio brasileño representa prácticamente una cuarta parte del producto interno bruto del país, que se cultiva en un área cercana a 70 millones de hectáreas, entre todas las especies, destacándose la soya con 34 millones, y el maíz con 17 millones de hectáreas. En este artículo, por razones de grandeza e importancia, tendrán énfasis la soya y el maíz.


    Soya

   Se estima que el 70% del área cultivada con soya en el país se realiza con semilla comercial (aquella que el agricultor compra). Así, el 30% son con granos utilizados como semilla, que representan un área de 10,2 millones de hectáreas. Considerando una densidad de siembra media para el país de 280.000 plantas por hectárea y con lotes de semillas de 90% de germinación, con 80% de emergencia y de 7 semillas por gramo, se tiene que 50 kg / ha es la cantidad de semillas a utilizar por hectárea. Así, los 10,2 millones de hectáreas significan una necesidad de semillas de 20,4 millones de sacos de semillas de 25 kg o de 510.000 Big Bags de 1.000 kg, que no forman parte de la cadena de semillas.

    Como se puede constatar, la cantidad de grano utilizado como semilla en soya es alta, con impacto en el comercio de semillas y en el reconocimiento de los royalties de las semillas de los cultivares protegidos (se estima que menos del 2% de los cultivares utilizados son de materiales no protegidos por la LPC).

    El impacto de esta grandeza puede ser analizado sobre tres actores de la cadena de semillas: el agricultor, el productor de semillas y el obtentor. El primero, por la calidad de la semilla (grano) que está siendo utilizado, pues en general el agricultor no posee los conocimientos y la infraestructura para obtener semillas de alta calidad con reflejos en la productividad. El otro impacto obvio es en el productor de semillas, que tendrá un menor mercado para sus semillas, siendo necesario utilizar el precio en lugar de la cantidad para mantenerse en el negocio. El impacto en el obtentor tal vez sea el más importante, pues es él quien pone en el mercado las cultivares con atributos agronómicos superiores, requiriendo para ello recursos sustanciales para personal, equipo, infraestructura, logística y reglamentación.

    Estudios recientes indican que el negocio de semillas de soya en el país involucra aproximadamente 3,7 mil millones de reales al año. Por lo tanto, considerando el 30% del valor de la semilla, la recaudación es de 370 millones de reales, que se distribuirá entre todos los obtentores anualmente. Es fácil constatar que algunos programas de mejora de la soya están en dificultades para mantenerse en actividad, con perjuicio para todos. Hay una estrecha y positiva relación entre el número de investigadores y la creación y el desarrollo de materiales superiores.

    El no reconocimiento de los derechos del dueño de la patente (TT) es menor, pues como la protección va hasta el grano, el control se realiza en el punto final de la comercialización del grano (cooperativa, cerealista, trading). Así, en el momento de la venta se realiza la verificación para saber si el material es patentado. En el caso positivo, para aquellos agricultores que compraron la semilla (que ya pagaron la TT) nada le será cobrado, sin embargo de aquellos agricultores que no compraron semillas y cuya producción presenta material patentado, será cobrado un porcentaje sobre la producción.

    Se estima que el 50% del área cultivada con soya en el país sea con material patentado, requiriendo un buen sistema de control, involucrando a cientos de fiscales en los puntos terminales de recepción del grano de soya.

    La recaudación de la TT, aun siendo más fácil que la recolección del Royalty, es mucho más costosa, pues implica la participación de quien compra el grano, los fiscales, los obtentores y los productores de semillas. Se estima que el 50% de la recolección de la TT se dirige a otros destinos distintos del propietario de la patente.


    El No Reconocimiento

    Varias son las formas del no reconocimiento del arduo trabajo para crear y desarrollar un cultivar. Entre ellas está el comercio entre vecinos, por tradición y costumbre, la utilización del grano como semilla, una vez obtenida las semillas del cultivar protegido, y el famoso anexo 33, en que se permite al agricultor producir su propia semilla, al comprar semilla una vez y registrar su campo junto al MAPA.

   La soya es una especie autógama, cuyas semillas tienden a mantener su pureza genética en las generaciones subsiguientes. Sin embargo, hay excepciones, pues en el proceso de producción puede haber mezclas varietales y contaminación genética, alterando la progenie (el proceso de producción de semillas requiere un responsable técnico para asegurar la calidad de la semilla, genética, fisiológica, física y sanitaria).

   En el año 2017, más de 500.000 hectáreas de soya para grano se destinaron para semillas sin el reconocimiento del arduo e importante trabajo de los programas de mejoramiento. La soya es un commodity que implica escala de producción, no siendo atractivo económicamente producir menos de 10 hectáreas. Así, es incomprensible el no reconocimiento de la investigación por aquellos que están utilizando semillas de un cultivar con atributos superiores a gran escala.


    Maíz

    Más del 90% del cultivo de los 17 millones de hectáreas con maíz se da con material híbrido, o sea, la progenie del material plantado produce mucho menos, no siendo recomendado agronómicamente utilizar el grano como semilla. Así, la piratería es mucho menos común que en las especies de autopolinización (soya, arroz, trigo).

    En el negocio de maíz, los híbridos se registran en el MAPA, sin embargo no son protegidos por la LPC, mientras que los materiales que poseen OGMs son patentados. De esta manera, la protección viene por el secreto de los parentales utilizados para la formación del híbrido y la patente.

    Los híbridos pueden ser simples, cuando los padres son dos líneas puras; triple, cuando los padres son una línea pura y un híbrido simple; e híbrido doble, cuando se utilizan dos híbridos simples como parentales. El híbrido de mayor potencial de productividad es el simple, por la mayor heterosis.

    En los últimos años, también se constató la ocurrencia de piratería en semillas de maíz, en la cual el infractor utilizaba dos híbridos simples para producir un híbrido doble y comercializar las semillas en su región de alcance. La infracción está en que el híbrido doble obtenido no pasó por el registro en el MAPA, con las debidas evaluaciones de valor de cultivo y uso (VCU).

    Otro procedimiento que evidencia el no reconocimiento de los derechos de quien invierte en la creación y desarrollo de materiales superiores de maíz es la solicitud de algunos agricultores junto al MAPA para producción de semilla propia de híbridos comerciales, a semejanza de lo que se hace con la soya, anexo 33 de la Ley de semillas. El inconveniente para la aceptación de esta solicitud es la necesidad de presentación por parte del agricultor de la factura de compra de los padres que se utilizarán en la producción del híbrido. En el caso de semillas de soya, es suficiente la nota de compra de la semilla, pero para maíz, como es un material híbrido, esto no es posible, pues su progenie (F2) es muy diferente del híbrido utilizado para la producción. El F2 se caracteriza por presentar la mayor variabilidad genética de las generaciones.

    Se enfatiza que un cultivar así como un híbrido, para el registro ante el MAPA, debe ser distinto, uniforme y estable (DUE). La distinción es referente a las características agronómicas entre cultivares o híbridos, mientras que la uniformidad se refiere a las características dentro de la población de plantas, y la estabilidad consiste en obtener un material con las mismas características después de varios años de cultivo. En el caso del maíz híbrido, la estabilidad se obtiene utilizando siempre los mismos parentales para la producción de semillas, después de varios años.



    Comentarios finales
    La creación y el desarrollo de materiales con atributos agronómicos superiores, y su consiguiente producción de semillas en cantidad y calidad, son esenciales para un agronegocio sostenible y competitivo en términos globales. En este sentido, el reconocimiento pecuniario del agricultor por el trabajo del obtentor y del productor de semillas es importantísimo.
    La semilla puede ser considerada la principal materia prima que el agricultor utiliza en el cultivo de sus campos de producción, sin embargo una parcela aún no se ha dado cuenta de la importancia de la semilla (por sus cualidades genética, fisiológica, física y sanitaria). Se observa con satisfacción las campañas de las asociaciones semilleristas, con el fin de concientizar al agricultor sobre la importancia de las semillas de alta calidad de las variedades mejoradas. En este sentido, se registra con satisfacción las iniciativas de Aprosesc (Santa Catarina), exaltando que la “Fuerza del Campo Nace con la Semilla”; de la Apasenm (Paraná), con “Piratería de Semillas también es Corrupción; de la Apassul (Río Grande del Sur), con “Todos contra la  Piratería de Semillas”; y de Abrass, “Semilla Pirata: Corte ese Mal por la Raíz”.
    El aumento de la productividad de la soya en los últimos 20 años fue superior al 40%, mientras que en el maíz fue superior al 100%, evidenciando la gran contribución del mejoramiento vegetal para el aumento de la producción nacional de granos. Por otro lado, el uso de semillas en cantidad y calidad ofrecidas por los productores de semillas, permite la obtención de campos de producción capaces de obtener un buen retorno a los agricultores. Es importante que esta situación se mantenga y pueda mejorar. Para ello, el combate a la piratería debe ser fuerte, amplio y constante, para disuadir posibles desvíos de conducta.

Compartilhar

newsletter

Receba nossas melhores
matérias em primeira mão!